Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte I

Luego de mis dos días en San José hospedada en el hostal Gaudys, a la vuelta de la sede de ASVO y con los últimos detalles del voluntariado listos, había llegado la hora de partir al Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas en Playa Montezuma.

San José es una ciudad capital pequeña, suficientemente “americanizada” por locales comerciales y de comida rápida que se elevan como gigantes sobre la avenida principal. Caminé detenidamente por las calles del centro, explorando y buscando nuevos sabores que probar.

Una recomendación más que tentadora son los batidos Cosechas, jugos naturales hechos de la más variada fruta fresca que se sirven en el momento y se pueden encontrar en sus propios stands en diferentes puntos alrededor de la ciudad.

También visité algunos atractivos culturales de la ciudad, como el museo, el teatro nacional y el mercado central, compuesto por pequeños puestos de artesanías y sodas, como les llaman los ticos a los pequeños restaurantes donde ofrecen comidas típicas costarricenses a un precio razonable. El plato de casado (arroz, frijoles y verduras) cuesta alrededor de 4 dólares y es súper abundante.

Ese martes desperté muy temprano, a las 5:30 am pasó por mí el taxi y en unos minutos llegaba a la terminal de buses de San José, situada sólo a unas cuadras del hostal. Me habían informado sobre un bus que iba directo a Montezuma, pero no lo encontré, por lo que terminé tomando en total 3 buses diferentes y 1 ferry para cruzar el Golfo de Nicoya.

Tras 6 horas de viaje entre cafetales y el paisaje selvático que jamás haya visto, finalmente llegué a destino: mi nuevo hogar por el próximo mes. En la modesta parada de buses me esperaba María, una española muy simpática, que lleva unos meses viajando por Centroamérica, trabajando en su proyecto de tesis sobre Tortugas Marinas. Caminamos unas 4 cuadras por el pintoresco centro de Montezuma hasta llegar  a la cabina de ASVO, como le llaman aquí a los hospedajes turísticos.

La casa era pequeña teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios: 3 españolas, 2 británicos, 2 canadienses, 1 francés, 1 americana, 1 austriaca y yo, autodefinida como argenti-chilena.  Enseguida acomodé mis cosas en la habitación de mujeres y fui directo a almorzar. El menú del día estaba compuesto por gallo pinto (arroz, frijoles, especias) un plato infaltable en la cocina costarricense y jugo natural de mango que recogen los voluntarios de los árboles de la zona.

Al terminar de instalarme completamente, fui con las coordinadoras a recorrer un poco más el pueblo. En el camino, pasamos a conocer la escuela y coordinar con la directora cuando podíamos ir a dar una charla para los niños. Mi objetivo en el proyecto será aplicar mis conocimientos de Educación Ambiental ayudando tanto a la escuela de Montezuma como a la comunidad local.

Esa tarde después de la cena, que se sirve entre las 5.30 y 6.00 pm, fui a descansar, si bien era temprano, estaba agotada por el viaje. Por la mañana llegaría Roger, el coordinador del proyecto, con quien tendría una reunión para definir mis tareas.

Afuera llueve, no ha parado desde hace una hora. Los ruidos se mezclan entre los truenos y el rugir de las olas. El calor persiste, pero no agobia. Los mosquitos y mariposas me revolotean mientras escribo y las lagartijas pegadas a la pared me observan de reojo. 

9

Bien temprano desperté con el sonido del aceite caliente friendo alguna cosa y el aroma a almuerzo de las 7:00 am. Hora de desayunar, pensé. Hoy fue el turno de una especie de tortilla hecha con harina de maíz y rellena por otra variedad de frijoles.

Eran pasadas las 9:00 am y como Roger no llegaba, fui con Liz, la canadiense y Sammy, la americana, a conocer el vivero de tortugas. A unas pocas cuadras de la casa, quedaba el espacio asignado a conservar los nidos de tortugas marinas que anidan en esta playa bañada por las cálidas aguas del Océano Pacífico. La temporada de tortugas recién está comenzando, por lo que sólo había 3 nidos con huevos que el mes que viene estarían listos para eclosionar y permitir que las tortuguitas vuelvan al mar.

Para no desperdiciar el momento de sol y calor, nos fuimos a dar un baño en el mar. Luego de varias revolcadas logré componerme y disfrutar mi primer chapuzón en el Pacífico.

Al regreso de la playa, Roger se encontraba en la casa, listo para conocerme. Él es costarricense y ha trabajado los últimos años en diferentes parques nacionales y también coordinando voluntarios nacionales y extranjeros.

Durante la reunión charlamos sobre mi contribución al proyecto. En cuanto a la escuela, la idea es que realice un taller de educación ambiental sobre la importancia de la conservación de las tortugas marinas, a la vez que pueda visitar los hoteles y restaurantes de la comunidad y realizar presentaciones sobre el mismo tema.

Vivero de ASVO en Playa MontezumaEsta mañana despertamos con una sorpresa. A eso de las 5:30 am oí que mis compañeras de cuarto hablaban más fuerte de lo normal sin saber por qué. Tomé el celular para mirar la hora por si me había quedado dormida, cuando sentí algo mojado en mi mano. Mi teléfono que estaba sobre una havaiana en el suelo se salvó por poco de quedar ahogado.

Lo primero que pensé fue: ¡Un tsunami! Después bajé a la realidad mi segundo de dramatismo y me dije, ha llovido mucho debe ser una inundación. Finalmente descubrimos que el agua provenía de un caño que explotó en nuestro baño.

Susto repentino pasado, comenzamos literalmente a barrer el agua hacia afuera, ya que no había secadores de piso, sólo esos trapeadores con tiritas de tela que para mi gusto mojan más de lo que secan.

Terminado el show de la inundación, el desayuno estaba servido. Para compensar el mal momento, Alba, la cocinera, nos preparó unos ricos pancakes con nutella. Increíblemente pancakes, no frijoles, aunque no por mucho tiempo, ya que volverían en su versión recargada para el almuerzo y cena.

Luego de desayunar, preparé mi mochila, cámara de fotos y comencé a caminar hacia las afueras de Montezuma. Mi plan era ir a conocer las cascadas, pero un lugareño me advirtió que con el río crecido de esa forma, sería bastante riesgoso llegar. Rápidamente desistí de esa idea, luego del Bungee Jumping del lunes, por esa semana estaba más que cubierto el tema de los desafíos.

Simplemente seguí andando, contemplando el verde paisaje y tomando tantas fotos como pude. En mi pequeño paseo local, descubrí iguanas, garrobos, urracas,  pelícanos, mariposas, ardillas, monos congos y cariblancos; además de una variedad infinita de flora, desde coloridos hibiscos hasta enormes palmeras.

Por la tarde, los voluntarios tuvimos una capacitación en la playa. Roger nos explicó que cuando las tortugas marinas están poniendo sus huevos, entran como en una especie de trance, por lo que es más fácil poder medirlas, plaquearlas y retirar los huevos para cuidar en el vivero. Hicimos varios hoyos en la arena de 45 cm de profundidad, que es la medida que debe tener el nido para que estén protegidos de los depredadores como hormigas, insectos y cangrejos.

Por las zonas del Caribe, el comercio ilegal de huevos de tortugas para consumo humano es una situación cada vez más frecuente, principalmente entre los vendedores de drogas de pequeños pueblos balnearios. La excentricidad y escasez de los huevos, hace que tengan un alto valor monetario en el mercado.

En el Pacífico, ese escenario aún no es tan habitual, por ahora…

Esa tarde me tocó mi primer turno de cuidado del vivero, básicamente el trabajo comprende de 4 a 6 horas diarias, vigilando los nidos del vivero, tomando su temperatura y acompañando a los líderes de patrulla en el recorrido nocturno por la playa, esperando a que salgan las tortugas marinas.

Sentada en la hamaca, perdida en una mirada profunda como hipnotizada mirando el mar me encontraba, cuando aparecieron Roger y María para invitarme a patrullar con ellos. Fuimos de un lado a otro de la playa unas tres veces buscando algún rastro de tortuga. Yo no sabía muy bien lo que estaba buscando hasta que Roger imitó una huella similar en la arena. Por lo que parece se ve fácil de identificar. Cada algunas horas la patrulla cambia de voluntarios, así que volví a terminar mi turno en el vivero.

Parece que esta noche no veremos tortugas marinas, sin embargo hace un ratito pasó volando cerca mío una luciérnaga con un brillo tan particular que igual me llenó el alma.

Mono Congo (En peligro de extinción)Mi cuarto día en el proyecto fue sumamente interesante, ya que junto a Liz, tuvimos la oportunidad de entrevistar a más de veinte hoteles de Montezuma. El objeto de nuestra visita fue dar a conocer el trabajo que realizan los voluntarios de ASVO en la comunidad e invitar tanto a turistas como empleados a que se unan a las patrullas que realizamos cada noche y si tienen suerte hasta podrían ver como las tortugas marinas anidan y ponen sus huevos.

Además, realizamos un relevamiento sobre las prácticas ambientales que llevan a cabo los hoteles. Básicamente, la mayoría están orientados a optimizar los recursos de agua y energía; hacer compost de los desechos orgánicos; plantar especies nativas, usar productos biodegradables y separar los residuos para que luego sean llevados al centro de acopio de la localidad; entre las principales acciones.

Si bien aquellas prácticas de operativa diaria son altamente importantes e incluso necesarias, queda mucho por mejorar en materia de sustentabilidad en la hotelería de Montezuma. Ya que como bien sabemos, pequeñas acciones aisladas sin una correcta planificación estratégica del uso de los recursos, sólo conlleva a obtener resultados en el corto plazo.

Mientras esté en el proyecto, otra de mis funciones como voluntaria será disertar sobre cuestiones de sostenibilidad ambiental y social aplicable a los hoteles de la comunidad.

Tras nuestra jornada agotadora, nos relajamos en la playa, aprovechando el bonito día de sol.

Callecitas de Montezuma

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