El Placer de Servir

Me pregunto por estos días si acaso hay algo más noble que entregar un servicio? Para los que trabajamos en hotelería, supongo que no.

La sonrisa genuina, la mirada comprensiva, escuchar atenta y comprometidamente a aquellos viajeros que recibimos con los brazos abiertos, en lo que para ellos será su hogar por tan sólo unos días, es una de las profesiones más sacrificadas y hermosas del mundo. Hacer sentir a los huéspedes incluso mejor que en su casa, aún estando fuera de ella, es un desafío para todos los que formamos parte de la hotelería, quienes podríamos también llamarnos colaboradores del servicio. Lo primero que aprendemos del servicio es que es intangible, que los huéspedes pagan por adelantado por una vivencia que aún no han experimentado, pero confían y colocan sus expectativas, deseos y anhelos en nuestras manos. Nosotros tenemos el poder y el gran desafío de convertirnos en el nexo entre sus sueños y la realidad. Qué gran responsabilidad!

Aunque también es cierto que no todo es color de rosas, hay días en los que tenemos el hotel lleno y se nos mezclan los tipos de pasajeros, por lo que es difícil mantener la armonía, por ejemplo las familias con niños pequeños que buscan recreación, esparcimiento y las parejas de recién casados o jubilados que sólo desean tranquilidad y disfrute. Para eso estamos moldeados y somos flexibles a los requerimientos de nuestros huéspedes, siempre y cuando estemos en el marco de posibilidades. En un hotel somos creadores de experiencias, artesanos de momentos únicos que quedarán guardados en los mejores recuerdos, que los harán volver alguna vez o recomendarnos, tanto por el boca a boca como en las redes sociales que hoy en día juegan un papel tan importante.

Ahora bien, luego de 10 años de trabajo en hotelería aún me pregunto si esta vocación de servicio de la que tanto hablamos y exigimos a la hora de contratar nuevo personal es algo que heredamos; que traemos dentro como una luz interior que nos guía profundamente a querer ir más allá de las expectativas; a demostrar que un gesto a tiempo, una sonrisa afectuosa, una palabra adecuada puede hacer una diferencia; a sentir ese deseo voraz de ayudar. O bien se puede lograr cultivar con el tiempo? Primero respetando los protocolos de servicio establecidos y luego con práctica, entrenamiento y guía.

Quiero decir que mi experiencia me ha demostrado que en algunos casos es posible, ya que muchas veces juega en contra la timidez, la cual nos cierra posibilidades y si bien la persona tiene todas las ganas y energía puesta en ser servicial, obrar con vocación, actuar con esa intensidad característica de esta cualidad, sin embargo por algún motivo más profundo se inhibe. Eso se puede mejorar y trabajar para de a poco soltar esos miedos e inseguridades y plantarse con confianza y convicción de querer, a pesar de todo, ayudar genuinamente.

En otros casos, costará más encender esa llama de pasión y amor por el servicio, pero siempre es importante identificar si será cuestión de tiempo para no poner nuestras energías en algo que no acabará funcionando y nos frustremos.

Acaso no hay profesión más noble como aquella en la que servimos? En la que salimos un ratito de nosotros mismos para entrar en el alma del otro y dejar una huella por más pequeñita que sea. Por brindarnos desinteresadamente y tener la fiel convicción de ayudar.

Ojalá en carreras como la hotelería nos enseñaran tanto así de idiomas, protocolos y presupuestos como del Placer de Servir…

Les comparto uno de los poemas más lindos de nuestra querida Gabriela Mistral…

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.

Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;

Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;

Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.

Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los

corazones y las dificultades del problema.

Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,

sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

Que triste sería el mundo si todo estuviera hecho,

si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles

¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito

con los grandes trabajos; hay pequeños servicios

que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar

unos libros, peinar una niña.

Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores.

Dios que da el fruto y la luz, sirve.

Pudiera llamarse así: “El que Sirve”.

Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos

pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién?

¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

 

 

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