Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte V

El lunes 15 de julio por la mañana, tuvimos el primer taller del Proyecto de Educación Ambiental para la comunidad educativa de Montezuma con los alumnos de 1° ciclo de la Escuela Moctezuma.

Fue una clase sobre la protección de la vida marina y especies animales de la comunidad y sus alrededores. Compartimos con los niños un poco de información, hicimos actividades, juegos y llevamos los carteles que habíamos preparado para ellos.

El Animalfabeto

Diversidad de Especies de mi Comunidad

El martes tuvimos el taller con los alumnos de 2° ciclo, estuvo bien interesante conocer sus pensamientos sobre el cuidado del ambiente. Realmente los niños conocen todas las respuestas y si no las saben tienen la capacidad creativa de dar una ingeniosa contestación sobre la marcha. Ojalá los adultos conserváramos ese don por unos años más.

La voluntaria Karen en la Escuela Moctezuma

Doña Victoria y yo

Por la tarde tuvimos la disertación sobre el Programa Bandera Azul Ecológica para los hoteles de la comunidad. A la presentación asistieron algunos empresarios locales, principalmente dueños de hoteles y restaurantes de Montezuma.

La exposición se trató además sobre las prácticas que pueden llevar a cabo en la operativa diaria para la conservación del ambiente y la optimización de los recursos naturales de su comunidad.

El miércoles por la mañana también tuvimos clases en la escuela y por la tarde participé de la junta quincenal de la organización comunitaria ASOMONTE. Además, junto con María repartimos los folletos informativos para invitar a los turistas y empleados de hoteles a que vengan a patrullar con los voluntarios de ASVO.

Repartiendo folletos de ASVO en los hoteles

Mi último día en el proyecto había llegado, más allá de estar contenta por la linda experiencia que pude vivenciar y por volver pronto a casa, también sería el día en que haríamos la presentación en el hotel Los Mangos.

Esa mañana estuvimos listas bien temprano junto con Liz y pasadas las 9:30 am emprendimos camino hacia ese hotel. Allí nos esperaba el staff compuesto por una recepcionista, tres mucamas y un encargado de mantenimiento; además de doña Victoria; Roberto, el biólogo de ASVO y dos profesoras de la University of British Columbia de Canadá, donde estudia Liz, quienes vinieron a visitar el proyecto y quisieron participar como parte del público.

Nuestra exposición duró poco más de media hora, en la que dimos información sobre el Programa Bandera Azul Ecológica, además de compartir las recomendaciones básicas para que los empleados del hotel puedan concientizarse sobre el ahorro de los recursos naturales en la operativa diaria.

Liz Janzen y yo disertando en los hoteles

Tras la presentación, volvimos a la casa y al cabo de unos minutos nos encontramos en el vivero para una pequeña reunión junto con las profesoras de Liz, Roberto, las coordinadoras y los asistentes.

Antes del almuerzo llegó Roger, quien se encontraba por unos días de vacaciones en San José. También tuvimos una reunión con él, en la cual le conté en lo que había estado trabajando por esos días y como con esfuerzo y perseverancia había cumplido con la mayoría de los objetivos que me había propuesto.

Él me volvió a agradecer por mi ayuda y buena predisposición durante mi estancia en el proyecto y que a pesar de que en algunos momentos las cosas no parecían salir tal como las habíamos planeado, al final todo se volvió de nuestro lado.

Mirando para atrás, considero que esta experiencia me ha llenado de momentos de felicidad en la naturaleza, instantes mágicos que perdurarán en mis recuerdos por siempre y además, me ha dejado como enseñanza principal que aunque a veces tengamos que esperar un poco más de tiempo en ver los resultados de nuestro de esfuerzo, si trabajamos de manera constante y desinteresada, finalmente obtendremos la recompensa buscada.

El coordinador Roger y yo en la cabina de ASVO en Playa Montezuma

Al otro día, desperté muy temprano y como sorpresa advertí que Alba, la cocinera, había llegado incluso antes de que me levantara para prepararme unos ricos pancakes con trocitos de banana, los más ricos que jamás haya probado, por cierto.

Las chicas también se levantaron a despedirme y súper cargada con mi mochila salí por la puerta de la casa, sin mirar para atrás, llevándome sólo los buenos recuerdos, los momentos preciados y las nuevas enseñanzas aprendidas.

Llegué a la parada del bus, situada a pocas cuadras y pasando por el centro casi vacío, me despedí en soledad de los artesanos que desde temprano y hasta altas horas de la noche ofrecían su delicado trabajo a los turistas; me despedí también del único y carísimo supermercado con que contaba el pueblo y también de mi amigo el argentino del ciber que siempre me hacía descuento por ser mi compatriota.

Extrañaré más de lo que creía este bonito pueblo y espero algún día volver a visitar.

Luego del viaje de vuelta hacia la capital, me registré en el hostal y fui directo a la oficina de ASVO a despedirme del resto del equipo. El director Luis me estaba esperando y antes que nada me ordenó que llamara a Roger para avisar como había llegado. Él me confesó que por la mañana me había escuchado partir, pero que no le gustan las despedidas y por eso prefirió no salir de su habitación, aunque no quería dejar de desearme un feliz viaje de regreso a casa.

Charlamos durante largo rato con don Luis, y le comenté el trabajo que había hecho durante mi estancia. Además, de lo que consideraba que debían mejorar como organización e implementar como nuevas iniciativas en los proyectos. Me entregó mi carta certificada donde acredita que he participado como voluntaria de la asociación y me despedí augurando un pronto regreso a su bello país.

El taxi para ir al aeropuerto pasó por mí a las 5:00 de la mañana y desde la ventana me despedí del último amanecer que observaría desde esa tierra. El chofer colombiano radicado tico hace varios años, me agradeció en reiteradas ocasiones haber venido a colaborar con la conservación de su país y me explicó de una forma que yo no podría haber explicado mejor, la importancia del trabajo que había estado realizando durante ese mes:

Las tortugas marinas, quienes se encuentran actualmente en crítico peligro de extinción, son seres indispensables para la continuidad de la vida en el Planeta Tierra. Una de sus principales tareas es ser depredadoras de medusas y mantener el equilibrio del ecosistema marino. Ya que de otra forma, la superpoblación de medusas haría que el desarrollo normal de la existencia debajo del agua fuera imposible.

Por lo que la protección de las tortugas marinas es un deber no sólo de los conservacionistas, biólogos u organizaciones no gubernamentales que luchan desde hace tanto tiempo por la conservación de las especies, sino también de los gobiernos y la sociedad en su conjunto.

Cada persona, desde su posición de consumidor final como eslabón de máxima importancia en la cadena de consumo, tiene el poder de decisión sobre lo que elige comprar. Aquellos productos hechos con tortuga como los shampoo, acondicionadores, aceites, jabones o bijouterie, al mismo tiempo que la compra de huevos de tortuga, ocasionan un daño irreparable en el ambiente y consecuentemente en la continuidad de la vida humana en el Planeta Tierra.

Productos Hechos con Tortugas Marinas

Shampoo hecho con placenta de Tortugas Marinas

Llegamos al aeropuerto, lista para partir, me despedí de este país con una gran sonrisa y la certeza de que algún día en un futuro no muy lejano, volveré…

¡PURA VIDA COSTA RICA!

Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte IV

La tarde cae de a poco y los rosados se alejan para dar paso a los azules oscuros que presagian la noche estrellada que se avecina. La marea avanza dejando sólo el rastro efímero de la blanca espuma sobre la orilla. La tarde me tira un beso de despedida al mismo tiempo que la luna sonriente me saluda con un guiño de ojos. La noche ha entrado en escena.

Hoy fue el día en que caminé por los senderos ocultos jungla adentro, guiada por los pasos de los que ya han transitando ese camino con el mismo rumbo. Entre palmeras, árboles milenarios y tierra colorada, salté piedras, crucé varias veces el arroyo y finalmente llegué a conocer la famosa cascada de Montezuma. Un imponente salto de agua de más de diez metros se presentó ante a mí y me siento agradecida por haber contemplado tanta belleza natural en su estado más puro.

Cascada de Montezuma

La noche de ayer será otra aventura para recordar. A eso de las 6 de la tarde comenzó el aguacero que seguido de relámpagos, rayos y truenos, se convirtió rápidamente en la tormenta más fuerte de mi mes viviendo en Costa Rica.

Mi horario de trabajo en el vivero era de 12 de la noche a 6 de la mañana. Desperté pasadas las 23:30 hs. exaltada por el ruido de la lluvia cayendo bruscamente contra el techo de chapa de la casa.

Me asomé al porche y noté que el agua ya había entrado por entremedio de los agujeros de las rejas, mojando los pocos papeles de diario que pretendían cubrir las baldosas amarillas de la entrada. Intenté prender la luz, pero fue en vano, pues había estado cortada desde las primeras horas de la tarde.

Mi compañero de turno, Jacob, estaba listo para partir, así que me cambié y salimos protegidos por un paraguas que poco nos cubría a ambos. Al dar unos pasos para ingresar al camino que nos llevaría al vivero, advertimos que el pequeño arroyo que pasa junto a la casa había crecido convirtiéndose en algo parecido a un caudaloso río con una fuerte corriente que desembocaba en el mar.

Sin dudarlo, desistimos de tomar ese camino y acordamos esperar un poco a que parara la lluvia. El problema era que Karen y Matt habían estado trabajando en el turno anterior, por lo que estaban esperando en el vivero que los fuéramos a reemplazar.

Fue así que ambos decidimos regresar al camino e intentarlo una vez más. Lamentablemente no fue posible atravesarlo, así que junto a las coordinadoras, María y Marina, emprendimos la caminata hacia la playa para intentar pasar por allí.

Las luces de las calles permanecían cortadas, así que nos lográbamos alumbrar apenas con nuestras linternas. Luego de dos cuadras llegamos a la playa donde el panorama no se veía mucho mejor. La marea estaba subiendo con prisa, por lo que nuestras decisiones debían ser apresuradas.

Seguimos caminando entre las rocas, empapados por la lluvia y el viento, hasta que llegamos a la desembocadura del arroyo en cuestión. El cauce que se había formado era inmenso, por lo que acordamos cruzarlo tomados de las manos. La primera que se atrevió fue María, seguida por mí que avanzaba lentamente dando cuidadosos pasos, un poco más atrás venían Marina y Jacob.

Llegamos al otro lado todos a salvo y rápidamente comenzamos a caminar en dirección al vivero. Allí esperaban impacientes nuestros compañeros, quienes pensaron que no serían relevados en toda la noche.

Ellos también contaron que sufrieron muy de cerca el temporal, ya que las olas eran gigantes y rompían a pocos metros de la entrada del vivero. Además de que la lluvia había terminado de mojar el poco espacio que quedaba seco.

La noche fue más larga que de costumbre, la lluvia persistió hasta por lo menos el amanecer y no tuvimos oportunidad de ver ninguna tortuga que compensara tanto esfuerzo.

Volviendo a la casa por la mañana, pude observar los rastros de lo que fue una noche que de seguro no olvidaré por un buen tiempo.

Árboles caídos, troncos de madera quebrados, cocos y hojas desparramados por doquier y el mar que aún conserva el color marrón de su mezcla con el agua del río, fueron el escenario de esa mañana.

Playa Montezuma

El domingo visitamos junto con Gill, Karen y Leslie la Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco. En nuestro paseo por entremedio de especies arbóreas que permanecen en el lugar hace miles de años, tuvimos la oportunidad de observar monos cariblancos, pizotes, pelícanos y hasta una serpiente venenosa típica de esta región llamada cascabel.

Luego de una exigente caminata de aproximadamente 2 hs. finalmente llegamos a la paradisíaca playa que nos habían prometido. Las arenas eran más finas que las de Montezuma. El Océano Pacífico en su punto más al sur de la Península de Nicoya, nos refrescó con sus aguas cálidas y cristalinas.

Recorrer un área protegida, requiere aceptar ciertas normas que los turistas se comprometen a cumplir, con el objetivo de que el impacto ambiental de las visitas afecte mínimamente el espacio que se pretende conservar.

Me pongo a pensar que los seres humanos en nuestro paso por el Planeta Tierra, deberíamos actuar de la misma forma que al visitar un área protegida: disfrutar de la majestuosidad de los atractivos naturales, sin provocar ningún tipo de degradación ambiental, teniendo en cuenta que los próximos visitantes tengan la misma oportunidad de conocer el sitio tal cual es.

Sé que es una utopía, ya que en los últimos años de historia de la humanidad hemos destruido en proporciones irreversibles los ecosistemas que han sustentado la vida en el Planeta Tierra desde sus inicios.

Sin embargo, es mi objetivo, trabajar desde la comunicación y concientización para dar a conocer la otra cara de la realidad. Personas dispuestas, creativas y proactivas con una misión de conservación aferrada a su pensar y accionar cotidiano.

Para todos ellos y los que de a poco se comenzarán a sumar, dedico estos textos con el afán de que entre todos, trabajando conjuntamente, modifiquemos nuestras conductas, nuestros hábitos más dañinos con el ambiente y en definitiva contra nosotros mismos y forjemos una vuelta a las RAÍCES.

Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte III

Hoy se cumplen mis dos semanas en Playa Montezuma y como una pequeña reflexión podría decir que más allá de las acciones que ya estén siendo implementadas en el proyecto al que uno fue designado, las tareas de un voluntario son muchas más de las que habitualmente uno se imagina:

Colaborar con nuevas iniciativas y propuestas a implementar en la comunidad local; empaparse de la cultura característica del lugar; mejorar las habilidades de comunicación e interacción social y principalmente estar abierto a vivir una experiencia enriquecedora e inolvidable son algunos de los objetivos de un voluntario comprometido con la causa.

La alegría de saber que he sido parte de un fin común y beneficioso para el ambiente y la conservación del mismo, es una de las satisfacciones más importantes que he vivido en mi carrera profesional y espero poder transmitir esta experiencia que me llena de orgullo de la mejor forma posible, tratando de ser ejemplo de sensibilización para mis allegados y personas que me cruce en el camino de la sostenibilidad.

Esta mañana fuimos junto con Marina al hotel de Ori, la responsable de la planta de reciclaje de la comunidad. Mientras esperábamos que llegara, tuvimos el privilegio de sentarnos en el living semi cubierto con vista al mar de este acogedor y fresco hotel llamado Amor de Mar. Algunos detalles que vale la pena destacar son las esculturas talladas en madera, la decoración precisa, las plantas naturales y el inmenso jardín con hamacas y largos bancos que invitan a la relajación total.

Ori se alegró mucho de vernos, ya que últimamente están recibiendo pocos voluntarios que colaboren con su proyecto.

Así fue que nos llevó hasta el centro de acopio situado en Las Delicias de Cóbano, aproximadamente a unos 3 km de Montezuma. Allí nos esperaba Macho, un maduro tico que cada mañana recoge en su vieja camioneta roja, las bolsas de botellas plásticas, latas y vidrios de los hoteles del pueblo y las traslada hacia el centro donde la mayoría de los días trabaja sin compañía.

Centro de Acopio de Montezuma

Nuestra visita lo sorprendió y alivianó un poco el trabajo. Enseguida vinieron los chistes de fútbol (éramos una argentina y una española) y así de a poquito entre bromas y conversación, llenamos 5 bolsas de plásticos de botellas de agua y gaseosas, que en un par de días cuando esté completa la cantidad necesaria de bolsas, serán retiradas por un camión que las llevará a la planta de reciclaje de San José.

Llegó la hora del almuerzo y Macho nos llevó de regreso al pueblo. En el camino nos contó que el dinero que se gana, realmente poco por tanto trabajo, está siendo ahorrado para comprar la máquina que aplasta las botellas, así se deja de hacer ese trabajo manualmente.

También nos mostró donde vacaciona Mel Gibson y la mansión de uno de los dueños de Disney o algo así. Parece que Montezuma y sus alrededores son algunos de los destinos favoritos de los famosos. Ojalá ellos colaboraran un poco más en las iniciativas ambientales del pueblo.

Al cabo de unos minutos nos despedimos de Macho hasta el jueves y llegamos ansiosas de nuevo a la casa a contarles a todos nuestra experiencia.

Por la tarde trabajé en el vivero algunas horas y también ayudé a patrullar la playa. Supuestamente tendría que haber salido la baula, ya que se cumplía el día 9 desde la primera anidación, pero esa noche no llegó.

Si bien era de noche, parecía pleno día. Había pescadores, familias bañándose en el mar, jóvenes haciendo fogatas, autos que conducen sin permiso por la playa y como de costumbre los hoteles que tienen dos personas cenando en el restaurant y dejan veinte luces prendidas (¡Las conté!).

La contaminación lumínica es uno de los problemas ambientales más importantes en las playas con alta afluencia de turistas.

Mientras caminábamos, tratamos de advertir a las personas que encontramos sobre esta situación. Muchos se interesaron y enseguida apagaron sus luces blancas de linternas o simplemente las cambiaron a rojas, que es menos dañina.

Otros hicieron caso omiso, curiosamente estos últimos en su mayoría fueron los propios pobladores locales.

Sin embargo, no es su entera culpa, ya que la falta de sensibilización y concientización de la comunidad de Montezuma es algo frecuente en los destinos turísticos que no se encuentran debidamente gestionados por parte del gobierno y es otra tarea más de ASVO como organización no gubernamental situada en esta región colaborar con ese fin.

Unos ricos pancakes con trocitos de banana y una taza de café me han despabilado por completo en mi 3° día de julio en Costa Rica.

Mientras esperaba que el área se despeje un poco para comenzar a limpiar la casa, terminé de preparar los carteles informativos para saber donde corresponde tirar cada desperdicio del hogar.

Tenemos diferentes botes de basura para botellas plásticas y envases, desechos orgánicos y otros remanentes generales como papeles y cartones.

Es más fácil si el cartel está visible pegado junto a cada bote de basura, ya que muchas veces por más adultos que seamos y del lugar donde provengamos, terminamos tirando todo junto con tal de no preguntar.

Esas pequeñas y simples acciones cotidianas son las que marcan la gran diferencia que puede pasar de una idea, a concretar la acción y convertirse en hábito.

Comenzar a preguntarnos de dónde viene lo que compramos, por qué es necesario utilizar tantos envoltorios, cantidades industriales de bolsas plásticas para acarrear cada mínima cosa que adquirimos o, por ejemplo, a dónde va a parar lo que tiramos. Son algunas de las cuestiones básicas para empezar a conocer otra realidad, que existe, está latente, pero muchas veces no queremos reconocer.

Los recursos naturales son agotables y es el deber de cada persona que habita en este planeta, comenzando por uno mismo, comprometerse a ser un consumidor responsable, capaz de reducir, reutilizar y reciclar cada uno de los elementos que llegan a su vida.

REDUCIR: Es consumir con responsabilidad, sin dejarnos llevar por la moda o la publicidad. Es tomar conciencia si realmente necesitamos todo lo que compramos.

REUTILIZAR: Es la acción de volver a usar. Es reasignar un valor a la cosa, proveer de sentido al objeto para un nuevo fin. Es decidir no descartar, sino pensar creativamente en que se podría convertir, antes de la decisión final de reciclar.

RECICLAR: Es transformar. Es resucitar la materia del cuerpo. Es conceder la inmortalidad, ya que el ciclo termina y vuelve a comenzar. 

Botes de Separación de desechos en la Escuela de Montezuma

Mi día preferido de la semana, llegó el jueves y por la mañana fuimos nuevamente al centro de acopio. Macho nos pasó a buscar mientras hacía su recorrido diario por los hoteles.

Una pila de botellas plásticas, latas y tetrabrik nos estaban esperando. De a poco comenzamos a aplastar los envases y separarlos por color tal como habíamos aprendido el martes.

A la hora llegó a visitarnos Romano, un pionero de la zona que trabaja para la cámara de turismo de Montezuma y en otros proyectos relacionados con los acueductos del lugar. Él es el dueño del terreno donde se encuentra el centro de acopio y a través de sus acciones vela por la seguridad y confort de los vecinos, turistas y voluntarios que visitan esos parajes.

Amablemente se ofreció a llevarnos a conocer su casa, una finca ubicada a pocos km de Montezuma, en la zona de Delicias. Desde allí se aprecia otro paisaje: ganado, arroceras, llanura, campo y una brisa constante permite disfrutar la cercanía a la playa viviendo en un ambiente rural.

Para la hora del almuerzo ya estábamos de nuevo en la casa, donde para nuestra sorpresa nos esperaba una fresca ensalada de vegetales y jugo de mango natural listos para saciar el hambre y sed.

Macho y yo en el Centro de Acopio

Tener la posibilidad de contemplar una noche estrellada, la luna casi posando sobre las palmeras y el amanecer desplegando toda su magia al despertar, es un privilegio sin comparación alguna.

Al presenciar este espectáculo que la naturaleza nos regala diariamente sin pedir nada a cambio, comienzo el día llena de energía, lista para ayudar en lo que más pueda a esta hermosa comunidad balnearia que tanto tiene por conservar, mejorar y brindar al turismo interno como extranjero.

Esta tarde limpiaremos la playa y seré la encargada de dividir los equipos de trabajo para que todos pasemos un momento agradable y en armonía con el ambiente.

Algunas pautas a tener en cuenta cuando realizamos una limpieza de playas:

-Determinar la zona de playa dispuesta a abarcar en nuestra limpieza.

-Dividir los equipos de trabajo.

-Fijar un tiempo estimado de duración de la limpieza.

-Ejemplificar los desechos a recoger: botellas, vidrio, aluminio, plásticos, materiales de goma, juguetes, ruedas, partes de auto, caños, carteles, etc.

-Proveer materiales: guantes y bolsas resistentes.

-Documentar el desarrollo y finalización de la actividad.

-Medir el resultado obtenido.

-Gestionar el depósito de los desechos en el basurero de la comunidad.

La actividad fue todo un éxito, llenamos 4 bolsas grandes y sin dudas aportamos nuestro granito de arena que quedará registrado para el Programa Bandera Azul Ecológica que se está intentando conseguir para la comunidad.

Voluntarias de ASVO en una limpieza de playas

Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte II

Tras una semana de aprendizaje sobre el mundo de las tortugas marinas, la visita a los hoteles y el cuidado del vivero, me sentía lista para dar el siguiente paso. Conversé con Roger y acordamos que me acompañaría a la escuela del pueblo para coordinar los días y horarios en que iré a colaborar con ellos.

Por la tarde trabajé en el vivero, no estaba muy ocupada cuando apareció Marina, una de las coordinadoras del proyecto, a invitarme a patrullar con ella. Caminamos un largo rato por la playa cuando nos sorprendió un rastro desde la orilla hasta varios metros más arriba en la playa. Mi reacción fue de sorpresa, asombro, miedo, todo junto.

Le pregunté a Marina si lo que estábamos viendo realmente era un rastro, me hizo señas de que bajara la voz para no perturbar a la tortuga, si es que estuviera allí, y enseguida fue a inspeccionar. A los segundos volvió emocionada diciéndome que efectivamente era la tortuga: una baula.

Cabe destacar que tuve mucha suerte al tener la posibilidad de ver una tortuga de esa especie, una de las más grandes, en crítico peligro de extinción y que no frecuenta mucho estas playas. Por lo que dicen, las tortugas siempre regresan a la playa donde nacieron, para hacer su trabajo de anidación cuando son adultas.

Corrí hasta el vivero para avisar a los voluntarios y rapidamente fueron a su encuentro, teniendo en cuenta las medidas de seguridad básicas de toda patrulla. Todos los voluntarios vestidos con ropa oscura, sin usar repelente en las manos y por supuesto sin luces blancas de linternas, para alumbrar sólo están permitidas las luces rojas.

Mientras la tortuga ponía sus huevos, se le tomaron las medidas, se la plaqueó y uno a uno suavemente se depositaron los huevos en una bolsa que luego plantamos en el nuevo nido del vivero. En total se contaron 78 huevos de tortuga baula.

Terminado el trabajo en el vivero, volvimos al sitio donde se encontraba la tortuga para poder verla partiendo de regreso al océano. Físicamente es inmensa y pesada, sus movimientos son pausados, como si le costara desplazarse, sin embargo luego de unas olas que iban y venían, desapareció repentinamente. La tortuga ya había hecho su parte y nosotros la nuestra, ahora sólo queda la espera.

Tortuga Baula. PH: Theresa Danler

Tal como habíamos coordinado con Roger, el lunes por la mañana fuimos a la entrevista con doña Olga, la directora de la escuela de Montezuma. Llegamos al acuerdo de que iré todos los días algunas horas por la mañana a colaborar con ellos y mientras tanto podré preparar el taller de educación ambiental.

La lista de actividades a realizar va tomando forma y color, sin embargo, aún queda mucho en que favorecer a la comunidad. Por lo que junto a Liz fuimos a visitar a la señora Ory, dueña del hotel Amor de Mar, quien además es la encargada del centro de acopio de Montezuma y sus alrededores.

Amablemente nos recibió y asintió a la idea de que una o dos veces por semana, algunos voluntarios del proyecto puedan ir a colaborar al centro de acopio.

Día de trabajo terminado, nos fuimos a disfrutar de la playa y por la noche como es de costumbre realizamos la patrulla. Las últimas noches ha estado muy tranquilo, sin novedades de tortugas, a veces los voluntarios se impacientan un poco, principalmente aquellos que vienen por pocos días, pero hasta ahora como por arte de magia, ninguno se ha ido sin verla, aunque sea una vez. Ojalá las personas aprendieramos a ser tan generosos como la naturaleza lo es.

Amanecer en Playa Montezuma, Costa Rica

Por fin llegó el día, ese miércoles por la mañana unos minutos antes de las 7:00 am me presenté en la escuela, lista para enseñar y aprender con los chiquitos. Me sentía contenta y nerviosa a la vez, como si fuera mi primer día de clases.

Doña Olga, la directora, quien también es una de las maestras, me llevó al aula de 1° ciclo y allí estuvimos juntas, yo con los pequeños de 1° grado y ella con los de 2° y 3°.  En esta escuela al ser tan pequeña, con pocos recursos y muchos alumnos, se dividen en tres aulas: preescolar, 1° ciclo y 2° ciclo. Lo que hace que para las maestras sea bastante más arduo cumplir con los contenidos pactados al pie de la letra.

Con los peques escribimos, dibujamos e hicimos juegos sobre los animales de la comunidad, tratando de entrar en el tema que abordará el proyecto de educación ambiental. Además, pasamos tiempo afuera, disfrutando el bello patio de la escuela, compuesto por juegos de madera, árboles nativos y una privilegiada vista al océano.

Conocer cómo funciona la operativa de la escuela desde adentro, me brindó muchas ideas y espero que la colaboración que hagamos junto con el resto de los voluntarios, además de concientizar a la comunidad educativa, aliviane un poco el trabajo de las maestras.

Cerca del mediodía me despedí de los chiquitos y fui al encuentro de Doña Victoria, una empresaria local que trabaja conjuntamente en varios proyectos con la Asociación de Montezuma (Asomonte), quienes están tratando de que Playa Montezuma sea galardonada con el Programa Bandera Azul Ecológica.

El Programa Bandera Azul Ecológica es una iniciativa que nació en el año 1996, por medio del Instituto Costarricense de Turismo y el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, con el objetivo de que las comunidades costeras se organicen para atraer al turismo, manteniendo el ambiente en condiciones limpias y saludables para su disfrute actual y futuro.

Tras conversar largo rato con doña Victoria, llegamos al acuerdo de que luego del período de receso escolar por vacaciones, tendremos lista la presentación para ir a disertar en los hoteles y restaurantes de la comunidad.

Escuela Moctezuma, Montezuma, Costa Rica

Ese jueves no hubo clases en la escuela, por lo que durante la mañana trabajé en el vivero. En ese horario cuando recién está amaneciendo, se percibe claramente como la playa y la selva comienzan a despertar.

Las aves comparten su música cada vez más fuerte; las ardillas saltan y corren hacia arriba de los árboles; los pelícanos en manada, sobrevuelan el océano de un lado a otro buscando su desayuno; y así de a poco la rutina del día está en marcha.

Tras mi jornada laboral, me dediqué de lleno a otra de mis pasiones: la fotografía. Caminé por los senderos de la selva hasta llegar a la playita vecina de piedra colorada, caracterizada por el color rojizo del suelo y la variedad de rocas que la rodean, además de un pozo de agua dulce que se forma naturalmente como consecuencia de un arroyo que nace selva adentro y desemboca en esa costa.

Luego de fotografiar cangrejos, monos cariblancos y algunas plantitas silvestres que crecen fácilmente por encima de las rocas húmedas, me di un baño refrescante en la cascada que alberga en su interior.

Allí me quedé un largo rato hasta que la marea comenzó a subir nuevamente y fue tiempo de volver. Mis actividades del día estaban listas, la falta de internet, televisión y noticias me hace dar cuenta lo bombardeados de información que vivimos en nuestra sociedad actual.

Aprender a disfrutar de la sencillez, el tiempo a solas con uno mismo, el respeto por el silencio, la privacidad, el conectarse con las emociones más reales y profundas sin tanta superficialidad de por medio y principalmente vivir en contacto con la naturaleza es el aprendizaje de todos los días.

Mono Cariblanco (Actualmente en peligro de extinción)

La noche del domingo tuvimos la visita de dos tortugas marinas de diferentes especies: una negra y una lora. Luego de la experiencia del domingo pasado y haberla esperado durante toda la semana, por fin apareció la primera, bien entrada la oscura noche.

Al comienzo llegó la negra, que puso 50 huevos más grandes y redondos que los de la baula de la semana pasada. Luego la lora como es de costumbre nos ofreció 120 huevos más.

Las biólogas estuvieron supervisando todo el proceso y trasladaron los huevos de cada tortuga a un nuevo nido en el vivero, por supuesto los depositaron en nidos separados según la especie. El trabajo terminó exitosamente y todos los voluntarios tuvieron la oportunidad de ver a las tortugas y colaborar con la causa.

Ese lunes 1° de julio había llegado con algo de lluvia, aunque no impidió que realizara mi caminata matutina. Llegué hasta una playa rodeada por rocas y aprovechando la marea baja me dediqué a observar las infinitas variedades de caracoles, conchas y cangrejos que llegan hasta allí.

Luego de un rato, la llovizna se convirtió en aguacero así que me adentré en la selva buscando algo de refugio en la frondosa vegetación.

Por la tarde, mi turno de trabajo fue un espectáculo de luces y colores protagonizado por el verde fluorescente de las olas que hoy se suma a las decenas de luciérnagas que cada noche ayudan a alumbrar un poco el oscuro vivero. Ese color tan particular se debe al plancton del océano que en su reflejo, principalmente las noches de luna, se potencia y nos regala la posibilidad de observarlo a simple vista.

Al momento mágico le agregamos algo de música de Violeta Parra y la noche fue perfecta.

Mis días en el Proyecto de Conservación: Parte I

Luego de mis dos días en San José hospedada en el hostal Gaudys, a la vuelta de la sede de ASVO y con los últimos detalles del voluntariado listos, había llegado la hora de partir al Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas en Playa Montezuma.

San José es una ciudad capital pequeña, suficientemente “americanizada” por locales comerciales y de comida rápida que se elevan como gigantes sobre la avenida principal. Caminé detenidamente por las calles del centro, explorando y buscando nuevos sabores que probar.

Una recomendación más que tentadora son los batidos Cosechas, jugos naturales hechos de la más variada fruta fresca que se sirven en el momento y se pueden encontrar en sus propios stands en diferentes puntos alrededor de la ciudad.

También visité algunos atractivos culturales de la ciudad, como el museo, el teatro nacional y el mercado central, compuesto por pequeños puestos de artesanías y sodas, como les llaman los ticos a los pequeños restaurantes donde ofrecen comidas típicas costarricenses a un precio razonable. El plato de casado (arroz, frijoles y verduras) cuesta alrededor de 4 dólares y es súper abundante.

Ese martes desperté muy temprano, a las 5:30 am pasó por mí el taxi y en unos minutos llegaba a la terminal de buses de San José, situada sólo a unas cuadras del hostal. Me habían informado sobre un bus que iba directo a Montezuma, pero no lo encontré, por lo que terminé tomando en total 3 buses diferentes y 1 ferry para cruzar el Golfo de Nicoya.

Tras 6 horas de viaje entre cafetales y el paisaje selvático que jamás haya visto, finalmente llegué a destino: mi nuevo hogar por el próximo mes. En la modesta parada de buses me esperaba María, una española muy simpática, que lleva unos meses viajando por Centroamérica, trabajando en su proyecto de tesis sobre Tortugas Marinas. Caminamos unas 4 cuadras por el pintoresco centro de Montezuma hasta llegar  a la cabina de ASVO, como le llaman aquí a los hospedajes turísticos.

La casa era pequeña teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios: 3 españolas, 2 británicos, 2 canadienses, 1 francés, 1 americana, 1 austriaca y yo, autodefinida como argenti-chilena.  Enseguida acomodé mis cosas en la habitación de mujeres y fui directo a almorzar. El menú del día estaba compuesto por gallo pinto (arroz, frijoles, especias) un plato infaltable en la cocina costarricense y jugo natural de mango que recogen los voluntarios de los árboles de la zona.

Al terminar de instalarme completamente, fui con las coordinadoras a recorrer un poco más el pueblo. En el camino, pasamos a conocer la escuela y coordinar con la directora cuando podíamos ir a dar una charla para los niños. Mi objetivo en el proyecto será aplicar mis conocimientos de Educación Ambiental ayudando tanto a la escuela de Montezuma como a la comunidad local.

Esa tarde después de la cena, que se sirve entre las 5.30 y 6.00 pm, fui a descansar, si bien era temprano, estaba agotada por el viaje. Por la mañana llegaría Roger, el coordinador del proyecto, con quien tendría una reunión para definir mis tareas.

Afuera llueve, no ha parado desde hace una hora. Los ruidos se mezclan entre los truenos y el rugir de las olas. El calor persiste, pero no agobia. Los mosquitos y mariposas me revolotean mientras escribo y las lagartijas pegadas a la pared me observan de reojo. 

9

Bien temprano desperté con el sonido del aceite caliente friendo alguna cosa y el aroma a almuerzo de las 7:00 am. Hora de desayunar, pensé. Hoy fue el turno de una especie de tortilla hecha con harina de maíz y rellena por otra variedad de frijoles.

Eran pasadas las 9:00 am y como Roger no llegaba, fui con Liz, la canadiense y Sammy, la americana, a conocer el vivero de tortugas. A unas pocas cuadras de la casa, quedaba el espacio asignado a conservar los nidos de tortugas marinas que anidan en esta playa bañada por las cálidas aguas del Océano Pacífico. La temporada de tortugas recién está comenzando, por lo que sólo había 3 nidos con huevos que el mes que viene estarían listos para eclosionar y permitir que las tortuguitas vuelvan al mar.

Para no desperdiciar el momento de sol y calor, nos fuimos a dar un baño en el mar. Luego de varias revolcadas logré componerme y disfrutar mi primer chapuzón en el Pacífico.

Al regreso de la playa, Roger se encontraba en la casa, listo para conocerme. Él es costarricense y ha trabajado los últimos años en diferentes parques nacionales y también coordinando voluntarios nacionales y extranjeros.

Durante la reunión charlamos sobre mi contribución al proyecto. En cuanto a la escuela, la idea es que realice un taller de educación ambiental sobre la importancia de la conservación de las tortugas marinas, a la vez que pueda visitar los hoteles y restaurantes de la comunidad y realizar presentaciones sobre el mismo tema.

Vivero de ASVO en Playa MontezumaEsta mañana despertamos con una sorpresa. A eso de las 5:30 am oí que mis compañeras de cuarto hablaban más fuerte de lo normal sin saber por qué. Tomé el celular para mirar la hora por si me había quedado dormida, cuando sentí algo mojado en mi mano. Mi teléfono que estaba sobre una havaiana en el suelo se salvó por poco de quedar ahogado.

Lo primero que pensé fue: ¡Un tsunami! Después bajé a la realidad mi segundo de dramatismo y me dije, ha llovido mucho debe ser una inundación. Finalmente descubrimos que el agua provenía de un caño que explotó en nuestro baño.

Susto repentino pasado, comenzamos literalmente a barrer el agua hacia afuera, ya que no había secadores de piso, sólo esos trapeadores con tiritas de tela que para mi gusto mojan más de lo que secan.

Terminado el show de la inundación, el desayuno estaba servido. Para compensar el mal momento, Alba, la cocinera, nos preparó unos ricos pancakes con nutella. Increíblemente pancakes, no frijoles, aunque no por mucho tiempo, ya que volverían en su versión recargada para el almuerzo y cena.

Luego de desayunar, preparé mi mochila, cámara de fotos y comencé a caminar hacia las afueras de Montezuma. Mi plan era ir a conocer las cascadas, pero un lugareño me advirtió que con el río crecido de esa forma, sería bastante riesgoso llegar. Rápidamente desistí de esa idea, luego del Bungee Jumping del lunes, por esa semana estaba más que cubierto el tema de los desafíos.

Simplemente seguí andando, contemplando el verde paisaje y tomando tantas fotos como pude. En mi pequeño paseo local, descubrí iguanas, garrobos, urracas,  pelícanos, mariposas, ardillas, monos congos y cariblancos; además de una variedad infinita de flora, desde coloridos hibiscos hasta enormes palmeras.

Por la tarde, los voluntarios tuvimos una capacitación en la playa. Roger nos explicó que cuando las tortugas marinas están poniendo sus huevos, entran como en una especie de trance, por lo que es más fácil poder medirlas, plaquearlas y retirar los huevos para cuidar en el vivero. Hicimos varios hoyos en la arena de 45 cm de profundidad, que es la medida que debe tener el nido para que estén protegidos de los depredadores como hormigas, insectos y cangrejos.

Por las zonas del Caribe, el comercio ilegal de huevos de tortugas para consumo humano es una situación cada vez más frecuente, principalmente entre los vendedores de drogas de pequeños pueblos balnearios. La excentricidad y escasez de los huevos, hace que tengan un alto valor monetario en el mercado.

En el Pacífico, ese escenario aún no es tan habitual, por ahora…

Esa tarde me tocó mi primer turno de cuidado del vivero, básicamente el trabajo comprende de 4 a 6 horas diarias, vigilando los nidos del vivero, tomando su temperatura y acompañando a los líderes de patrulla en el recorrido nocturno por la playa, esperando a que salgan las tortugas marinas.

Sentada en la hamaca, perdida en una mirada profunda como hipnotizada mirando el mar me encontraba, cuando aparecieron Roger y María para invitarme a patrullar con ellos. Fuimos de un lado a otro de la playa unas tres veces buscando algún rastro de tortuga. Yo no sabía muy bien lo que estaba buscando hasta que Roger imitó una huella similar en la arena. Por lo que parece se ve fácil de identificar. Cada algunas horas la patrulla cambia de voluntarios, así que volví a terminar mi turno en el vivero.

Parece que esta noche no veremos tortugas marinas, sin embargo hace un ratito pasó volando cerca mío una luciérnaga con un brillo tan particular que igual me llenó el alma.

Mono Congo (En peligro de extinción)Mi cuarto día en el proyecto fue sumamente interesante, ya que junto a Liz, tuvimos la oportunidad de entrevistar a más de veinte hoteles de Montezuma. El objeto de nuestra visita fue dar a conocer el trabajo que realizan los voluntarios de ASVO en la comunidad e invitar tanto a turistas como empleados a que se unan a las patrullas que realizamos cada noche y si tienen suerte hasta podrían ver como las tortugas marinas anidan y ponen sus huevos.

Además, realizamos un relevamiento sobre las prácticas ambientales que llevan a cabo los hoteles. Básicamente, la mayoría están orientados a optimizar los recursos de agua y energía; hacer compost de los desechos orgánicos; plantar especies nativas, usar productos biodegradables y separar los residuos para que luego sean llevados al centro de acopio de la localidad; entre las principales acciones.

Si bien aquellas prácticas de operativa diaria son altamente importantes e incluso necesarias, queda mucho por mejorar en materia de sustentabilidad en la hotelería de Montezuma. Ya que como bien sabemos, pequeñas acciones aisladas sin una correcta planificación estratégica del uso de los recursos, sólo conlleva a obtener resultados en el corto plazo.

Mientras esté en el proyecto, otra de mis funciones como voluntaria será disertar sobre cuestiones de sostenibilidad ambiental y social aplicable a los hoteles de la comunidad.

Tras nuestra jornada agotadora, nos relajamos en la playa, aprovechando el bonito día de sol.

Callecitas de Montezuma

Mi Pequeña Huella Sustentable: Un Viaje Voluntario

Comenzar a planear un viaje puede llevarnos considerable tiempo, incluso años.

Ese fue mi caso.

Conocí la importancia de Costa Rica para el Ecoturismo mundial cuando todavía estaba en la universidad. Leíamos mucho sobre las políticas de protección de la diversidad de especies y la cantidad de territorio que se encuentra debidamente conservado dentro de numerosos parques nacionales y áreas protegidas de ese pequeño país.

En una clase de turismo y ecología descubrí una organización que recibe estudiantes extranjeros para que colaboren con tareas asociadas a la conservación de especies animales en peligro de extinción, mantenimiento de senderos, tareas de educación ambiental y apoyo a la comunidad, entre otras actividades. Así fue que comenzó mi interés en querer participar en un programa de voluntariado internacional.

Para mí, viajar implica un intercambio; un descubrimiento interior; un dejar de ser uno mismo, para ser uno con algo nuevo más; es el comienzo y el fin; el aprendizaje constante y es todo esto y tanto más que no podría terminar de narrar.

Al cabo de un tiempo y con mis vuelos comprados, comenzó la larga espera, hasta que por fin llegó el día de mi viaje.

Costa Rica es un país turístico por naturaleza, en el cual reina la sonrisa genuina y los buenos modales son moneda corriente donde quiera que vallas. Ya en el avión, conexión desde Panamá, se comienza a percibir lo que vendrá…mucho calor, sabores intensos, servicio personalizado y seguridad, son algunas de las ventajas comparativas que posee este país con respecto a otros destinos del Caribe.

En Costa Rica reciben al turista de una forma verdaderamente profesional, lo que provoca que las personas lo recomienden e incluso ansíen volver. Es que los ticos y ticas, como se llaman a sí mismos los costarricenses, están más que dispuestos a ayudar, aconsejar y guiar. Ya sea a partir de su actitud positiva y solidaria, como por medio de sus expresiones típicas, en las cuales proliferan palabras de cortesía innata, por ejemplo “con mucho gusto” o el clásico “pura vida” utilizado básicamente para acompañar cualquier frase.

Será por la condición anfitriona de los ticos, por la inmensa biodiversidad de su pequeño país o simplemente por ser parte del Caribe y su magia, que Costa Rica recibe cada año aproximadamente 2 millones de turistas extranjeros que aportan a la principal fuente de divisas económicas del país, además de un sin fin de beneficios indirectos.

Seguramente la respuesta correcta se encuentra en la combinación de todos estos factores que hacen que este maravilloso país sea uno de los destinos turísticos más elegidos a nivel mundial.

A través de los siguientes posts, trataré de expresar a través de mi visión personal, mis días como Voluntaria del Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas en Playa Montezuma, Puntarenas, Costa Rica, el cual realicé durante el mes de junio y julio del año 2013, por medio de la Asociación de Voluntarios para el Servicio en Áreas Protegidas (ASVO) http://www.asvocr.org/

Momentos de introspección y reflexión fueron cotidianos por aquellos días. Paciencia y tolerancia han sido algunas de las cualidades que cultivé. El haber cumplido otra de mis metas, siendo una parte ínfima, pero vital en el camino de la conservación de la biodiversidad, no me ha dejado dudas para donde quiero que se enfoque mi carrera de ahora en adelante.

Compartir mi experiencia ansío que plante en ustedes la semilla del interrogante sobre cómo poder ayudar, sea cual sea nuestra posición, lo importante es comenzar.

Mi aprendizaje personal el cual pretendo compartir y divulgar es que desde nuestra pequeñez, juntos podemos crear inmensidad…

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10 Consejos para Ecoturistas y Viajeros Voluntarios

1) ¡VIAJA LIVIANO!

Creernos y sentirnos libres es una de las sensaciones más buscadas al emprender un viaje.  Cargar con poco equipaje nos otorga mejor movilidad y menos preocupaciones.

2) UTILIZA MEDIOS DE TRANSPORTE ALTERNATIVOS

Preferir los autobuses, trenes y shuttle compartidos a los costosos taxis nos permite ahorrar dinero y participar con los locales en su forma habitual de trasladarse. Siempre que puedas camina, anda en bicicleta y haz paseos a caballo.

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3) INVESTIGA SOBRE TU HOSPEDAJE:     

Conocer si los dueños son locales o extranjeros, las prácticas ambientales que realizan y cómo tratan a su personal, son algunas de las consideraciones a tener en cuenta para saber si nuestro dinero realmente va a ayudar a la comunidad del lugar.

4) PRUEBA LA GASTRONOMÍA LOCAL:

Ten la oportunidad de probar comidas y bebidas típicas del lugar. Elige los pequeños restaurantes, la cocina casera, orgánica y los productos de estación.

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5) ELIGE COMPRAR ARTESANÍAS:

Si vas a llevar souvenirs, nada mejor que los hechos a mano por artesanos locales y con materiales autóctonos. Visita ferias y comercios atendidos por sus dueños. Recuerda llevar tu bolsa de tela reutilizable.

6) REALIZA ACTIVIDADES DE ESCASO IMPACTO AMBIENTAL:

Disfrutar responsablemente de la naturaleza y los atractivos turísticos que nos ofrece el destino es nuestro deber como viajeros conscientes. Trekking, Biking, Kayaking, Bird Watching, Horseback Ridings, actividades deportivas y visitas a parques nacionales son algunas de las tantas opciones a elegir.

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7) FOMENTA EL INTERCAMBIO DE CULTURAS Y SABERES:

Respetar las diferentes tradiciones e interesarse en la cultura local es una actividad clave para un ecoturista abierto a los nuevos descubrimientos. Charla con los pobladores y comparte las propias costumbres de tu lugar.

8) APRENDE UN NUEVO IDIOMA:

Viajar nos brinda innumerables beneficios y en muchos casos la posibilidad de aprender otro idioma diferente al de tu lugar.  Deja a un lado la vergüenza y practica lo que más puedas. Si estas viajando por destinos con los que compartes tu misma lengua, siempre es curioso aprender nuevas palabras y expresiones.

9) COMPARTE TU EXPERIENCIA:

Enseñarle a los demás nuestro aprendizaje nos hace dar cuenta del crecimiento personal y la madurez que adquirimos. Mostrar fotos es sencillo por estos días. La próxima vez que viajes esmérate en llevar un diario, escribir cartas y enviar postales. Tu familia y amigos te lo agradecerán mucho más.

10) DISFRUTA TU VIAJE:

Vivenciar un viaje es siempre una experiencia positiva y enriquecedora. Atesora cada momento en tus recuerdos, capta cada paisaje en el álbum de tu memoria. Agradece, medita y reflexiona. Marca la diferencia, involúcrate y sé más que un simple testigo…

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